Qué curiosa costumbre tenemos de llenar los espacios vacíos.
Llenamos la incertidumbre con suposiciones, las coincidencias con significados y la ignorancia con soberbia. Llenamos la ambigüedad con conclusiones, las pausas con urgencias, los silencios incómodos con frases incómodas, el futuro con expectativas, las posibilidades con certezas y llenamos todo lo que no sabemos con lo que queremos creer.
Corremos a llenar los vacíos, cuando los vacíos son espacio para lo que todavía no existe, cuando pausar es aprovechar el tiempo, cuando vivir es no saber.
Del vacío nacen las ideas. De la incertidumbre, la curiosidad. De las coincidencias, el asombro. De la distancia, la perspectiva.
Llenamos el vacío con basura, exceso y ruido, buscando un poco de paz, cuando del vacío nace el silencio y del silencio, nace la calma.


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