Todavía sigo aquí

Hay un acta de defunción firmada que asegura que me morí. Pero todavía respiro. Mi condición es tan extraña e irrelevante para el mundo, que ni tiene nombre.

No hay un solo doctor, científico ni fábrica tecnológica que me haya respondido por qué no me detectan los sensores. De ningún tipo. Y quien diga que eso no es nada, nunca ha tenido que limpiarse el culo a oscuras en el baño de Multi. Por más que agite las manos, el sensor no ve ni mierda. 

A mí me tienen vetado del Mall San Pedro porque un muchacho dijo que lo estaba samueleando en el baño. Yo solo esperaba a que se lavara las manos para aprovechar aunque sea un poquito del chorro de agua que dejaba.

A principios de los dos mil, a algún genio se le ocurrió la brillante idea de ponerle sensores a todo. Las puertas del súper, de los bancos, de las tiendas, los grifos, expendedores de jabón, secadoras de manos, las barras del transporte público, las entradas de las oficinas, ¡hasta los números en los ascensores! Trabajo como repartidor de comida y más de una vez me ha tocado subir las escaleras hasta veinte pisos para entregar un pedido.

En los noventa, yo abría tubos con mis propias manos, empujaba puertas, encendía luces con interruptores y apretaba todos los botones con fuerza hasta tres veces para que funcionaran. Antes yo era feliz. Ahora cada aparato más con sensor, solo me hace sentir menos.

Una vez me quedé por más de una hora afuera del AMPM esperando que alguien se acercara a la puerta y la abriera. Al principio, la cajera salía a ayudarme pero, luego de la quinta vez, me empezó a ignorar. 

Ay, es que desde la caja no alcanzo a verlo, me dijo. Pero la verdad es que se hartó de mí.

Al final entré porque un señor me hizo la vuelta. Lo encontré golpeando la pared del súper con la rama de un palo de guayaba y me acerqué a preguntarle qué estaba haciendo.

Diay huevón, me respondió. No ve que soy ciego. Estoy buscando la puerta. 

Ay, discúlpeme, le dije. Lo vi usando esa rama como bastón y pensé que estaba muy camote.

Es lo que hay, me dijo mientras me ayudaba a entrar al súper. A veces toca resolver.

Y tenía razón. 

Mi problema es que el día en que intenté resolver, fue cuando me dieron por muerto.

Repartiendo comida, me moría de hambre. Tuve que vender hasta la billetera. Intenté trabajar en bodegas, de cajero de restaurante, agente de punto de venta y un montón de lugares más, pero en todos, de alguna u otra manera, usaban pantallas táctiles. Adivinen con qué funcionan esos aparatos.

Un día pasé al frente de una casa muy fina. Se veía sola. Podía entrar, sacar alguna cosa valiosa que no iban a extrañar y de la que no se darían cuenta. Sabía que podía hacerlo, no solo porque las alarmas no me iban a detectar, sino porque, en mi desesperación, lo había pensado ya miles de veces. 

Me acerqué a la casa, llegué hasta la puerta y, cuando estaba a punto de entrar, me arrepentí. Me podrán ignorar los sensores, pero ¿insensible, yo? ¡Jamás!

Salí corriendo y, al cruzar la calle, se me apagaron las luces.

Desperté en el hospital. Abrí los ojos y una enfermera empezó a pegar gritos. Otra sacó el rosario. Ni el oxímetro, el monitor de signos vitales o los estetoscopios digitales detectaron nada en mí tras el atropello y me dieron por muerto.

Les expliqué sobre mi condición y se calmaron. Me dijeron que para anular el acta de defunción había que llevar un proceso muy engorroso y lo mejor era dejarlo así. Yo la verdad no les creí, pero no tenía plata para un abogado y un muerto no puede demandar a nadie.

Esa es mi vida.

Los tubos me niegan el agua, los expendedores me retienen el jabón, los ascensores me quieren fuera y las puertas se me cierran en la cara. 

Sueño con el día en el que pueda activar una alarma, abrir una puerta o encender una luz. 

Algo que me recuerde que, a pesar de todo, todavía sigo aquí.

2 respuestas a «Todavía sigo aquí»

  1. Avatar de Zael
    Zael

    Hola Diego desde hace unas semanas que me he vuelto tu fan, arrastrando a mi mamá,
    Desde tus tiktoks hasta leer todo tu blog nos a cautivado tu forma de escribir y lo cual me a dado el valor para quererte pedir un consejo.
    mi madre hace unos años escribía pero después de que mi padre.
    (le arrancará sus alas) Dejo de hacerlo, sigue mostrando las ganas de escribir pero no da el último paso y no se que hacer para que vuelva a escribir ya que la escritura era prácticamente un órgano más y sin ese órgano no puede vivir al 100

    1. Avatar de Diego Barracuda

      Gracias por el mensaje.
      No se me ocurre otra cosa más que escribás vos y le pidás opinión. Involucrarla sin presionar. Emocionarla con el ejemplo. Espero que funcione. Saludos.

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