Desde que descubrí la existencia del Stand Up Comedy, a mis dieciocho años, siempre fantaseé con la idea de practicarlo. Eso sí, comediante quise ser desde la escuela. Lo puse en mi anuario junto a escritor y futbolista. Pero la idea de pararme en un escenario frente a un grupo de personas para intentar hacerlas reír, siempre me dio muchísima ansiedad. Me daba terror la idea de no hacer reír a nadie. Sentirme fracasado. Entonces abandoné la idea, a pesar de la emoción que me provocaba.
Por las vueltas de la vida, en el 2022 conocí a Masís y a Mario, dos comediantes que se me acercaron para contratarme como asesor para la comunicación en redes sociales de su productora de eventos de comedia. Entonces vi una oportunidad: les ofrecí que me hicieran socio productor y yo me encargaba de toda la comunicación. No era hacer Stand Up, pero sí producir. Como quien se hace amigo de su crush, le apoya, le lleva a todas partes pero nunca se anima a confesar. En fin, producir me emocionaba mucho. Y después de pensarlo unos días, finalmente ambos aceptaron mi oferta y me convertí en socio de lo que llamamos La Muerta e’ Risa en honor a las “muertas de hambre”, los restaurantes que abren de madrugada para que la gente borracha pueda comer.
Teníamos algo así como una residencia artística donde todos los jueves presentábamos shows de comedia con los distintos comediantes del país. Luego empezamos a proponer nuevas ideas, como shows de roast, un formato donde comediantes compiten entre sí y escriben chistes para ofender a su oponente. Además, hacíamos shows con after, donde después del evento grande que sucedía en el escenario principal, había en el bar del teatro un karaoke o un open mic para que comediantes probaran su material. Esos open provocaron algo en mí que lo cambió todo.
En ese escenario secundario e improvisado que armamos entre las mesitas del bar del teatro, vi pasar una y otra vez comediantes nuevos y experimentados que probaron y afinaron sus chistes para luego presentarlos bien pulidos en sus shows. Muchos de ellos, quienes hacían reventar de risa a su público en eventos principales, probaban su material y a como les podía ir bien, les podía ir pésimo. Ni una sola risa. Verlos terminar su rutina de prueba, volver al camerino, anotar los ajustes que debían hacerle a sus chistes y luego volver a la semana siguiente con el chiste pulido y provocar risas, logró hacerme sentir capaz de finalmente escribir material y probar suerte. Empecé verdaderamente a entender que en la comedia, como en la vida, el fracaso no es el final, es solo un primer borrador.
Preparé mis chistes durante un par de semanas con muchísima ayuda de Masís y Mario, quienes además son muy buenos maestros de escritura cómica, y me anoté para uno de nuestros open mics junto a otros cuatro comediantes. Dos de ellos también debutando como yo y, para mi gran suerte, uno era N, mi amigo mago, quien en ese entonces quería también probar en este arte. Y digo que me siento afortunado porque ese día aprendí de él una herramienta de autocompasión tan grande que atesoro desde entonces y para toda la vida.
Por supuesto, mi ansiedad estaba al tope. Solo podía pensar en cómo se me había podido ocurrir invitar a mis amigos y a toda mi comunidad de No Sos Especial para verme debutar como comediante. Sentía que iba a quedar en ridículo. Que iba a fracasar. Pensé en buscar a N para pedirle alguna recomendación para bajar los nervios y, como si lo hubiese llamado con la mente (capaz y me la leyó), entró al camerino. Para mi sorpresa, él también estaba ansioso. Como mago, N es un experimentado en los escenarios. De hecho, se presentó en este teatro cientos de veces. Pero, igual que yo, esa noche era su primera vez haciendo Stand Up.
Lejos de preocuparme más, verlo así me hizo sentir acompañado. Me recordó que el pánico no es un defecto personal, es una reacción humana. Mi ansiedad bajó al menos un poco. Me dijo que era normal sentir nervios, que quizá nunca se vayan realmente, sin importar el día, el escenario o la magnitud del evento. Pero lo que atesoro sobre todas las cosas de lo que aprendí de él esa noche, fue la frase que usó ahí conmigo justo antes de salir al escenario. La misma frase que da título a este texto: me perdono desde ya.
Fue como un mantra de alivio. Un acto de aceptación, auto bondad y de humanidad compartida. Perdonarse por adelantado es quitarle el peso al fracaso antes de que siquiera ocurra. Una forma simple y contundente de recordar que no pasa nada si las cosas no salen como queremos. Cada acción provoca información. Justo como los otros comediantes que, al no provocar risas, anotaban lo que aprendieron para reventar el show la siguiente semana.
Durante los siguientes dos años fui comediante activo, hice shows en el teatro, en bares y eventos privados. La noche del primer open saqué muchas risas. Tuve eventos donde logré una conexión con el público que creo que jamás olvidaré, pero también hubo muchos shows en donde no saqué una sola risa. Hay chistes en el repertorio de comedia que uno sabe que no suelen fallar y uno los lanza para recuperar al público. Hubo shows que ni con los ases bajo la manga lo logré. Sin embargo, aprendí que el silencio de un público asusta pero, darte cuenta de que podés sobrevivir a él, lo cambia todo.
Al final, logré ser escritor y comediante pero, no futbolista. Las cosas no salieron como lo planeé. Todo bien, ya me perdoné.


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