El poder del pulgar

Antes los costarricenses votábamos con el pulgar. Lo llenábamos de tinta e imprimíamos nuestra huella en el cuadrito debajo del candidato en el que creíamos. Yo nunca llegué a hacerlo porque la última vez que se votó de esta manera fue en 1994, pero sin duda recuerdo que mi mamá me dejaba pintarme el dedo de azul para mostrar ese mismo orgullo que sentíamos todos luego de votar. Qué importante, simbólico y poderoso era el pulgar para Costa Rica. 

Pero jamás tan poderoso como lo puede ser hoy.

Con él, decimos qué nos gusta y lo compartimos, compramos regalos en línea, pedimos comida que nos llega hasta la casa, enviamos besos y abrazos a los que están lejos. Pero también, con el pulgar podemos averiguar dónde vota nuestra abuela, coordinar el carro con los primos para ir a votar juntos, o jalarle las orejas al amigo que está pensando en quedarse en la casa. Con el pulgar podemos compartir los enlaces a los debates, whatsappear con la familia y despejarle dudas a quienes aún no se deciden. Podemos contagiar entusiasmo porque tenemos una democracia que nos permite elegir a nuestros líderes, y por eso, debemos salir a votar para no perder ese derecho. Con el pulgar podemos hacer diferencia ante una de las elecciones más importantes y determinantes para el futuro de nuestro país.

Qué fascinante es que, de la misma manera que organizamos una salida por birras o un paseo a las eólicas, podemos organizar esperanza. Podemos motivar al pueblo, empoderarlo y recordarle el valor que tiene su voto.

Espero que esta semana usemos ese pulgar hasta que le salga callo. Que cada mensaje que enviemos sea una pequeña campaña personal para asegurarnos de que nadie, absolutamente nadie, se quede sin hacer valer su voz. Y que luego de votar, nos veamos el dedo con el mismo orgullo que cuando se pintaba de azul, porque con él cuidamos a nuestro país y a nuestra democracia.

Antes el pulgar solo sumaba un voto, pero hoy tiene el poder de multiplicarlos.

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