Tengo la sospecha de que una escritora a la que sigo en Substack está firmando a su nombre ensayos escritos con Inteligencia Artificial. Al menos desde hace unas semanas para acá. Qué tristeza. No solo porque le tengo mucha admiración sino porque, de ser cierto, es un gran ejemplo del revoltijo mental que nos está provocando el uso indiscriminado de la IA.
Desde que decidí volver a enfocarme en la escritura, naturalmente me nació la necesidad de leer a personas en una realidad muy similar a la mía. Gente real que escriba, que quiera publicar o que simplemente comparta sus textos en línea. No fue fácil encontrarlas. En esa búsqueda de espacios donde escribe la gente que escribe, llegué a Substack. Algo así como una red social para escribir. Seguí a personas escritoras de todas partes del mundo: España, Puerto Rico, Cuba, México, Argentina, y entre ellas, llegué a Pérez Fuentes. Aclaro de una vez que no se llama así, no me interesa exponer aquí nada más que mi punto.
Mi temor empezó hace más o menos un mes, cuando al leerla tuve la extraña sensación de que el ensayo ya lo había leído antes. Pero no tanto lo que decía sino cómo lo decía. Antes no me pasaba al leerla y creo que por eso me saltaron las alarmas. Algo cambió. Quizá así es difícil entenderlo pero creo que tengo una manera de explicarlo.
Antes tengo que confesar dos cosas. La primera es que esta sensación de conocer ese particular estilo de escribir, es porque en el medio en el que trabajo se usa Inteligencia Artificial para búsquedas y brainstorming. No es una decisión personal; el medio así lo demanda. Al menos tengo la tranquilidad de que el trabajo que hacemos nace de una conceptualización, criterio y visión hecha por personas. Puro crack. La segunda es que yo creo que la IA puede aportar muchísimo en bastantes ámbitos, por lo que no quiero hacer la de las mamás noventeras y volverlas satánicas. El problema es que la realidad está muy lejos de ser esa.
Todo esto para decir que ya tengo cierta experiencia como para encontrar patrones de escritura artificial muy marcados. Pero tampoco el ojo de halcón.
Me hubiese encantado tenerle la suficiente confianza como para conversar al respecto con ella pero, ¿cómo hace uno? Quizá no hay manera. Lo más cercano es ponerle un DM un día tipo, mirá, Pérez Fuentes, ando encuestando a algunos escritores que conozco acerca del uso de IA ¿qué pensás vos del tema? Pero capaz y termina pensando que soy yo el que quiere firmar textos que no escribí. Así que me tocó poner sobre la mesa todas mis habilidades investigativas que no sacaba desde que en el 2020 descubrí que el novio de una amiga tenía una familia escondida gracias a la página del TSE y un par de hacks por allá.
Lo primero fue utilizar una de estas herramientas que detectan el uso de IA en textos. Me puse a buscar en Google y basta con hacerlo para recordar que la Inteligencia Artificial es inevitable: lo primero que te muestra el buscador es una respuesta de Gemini. Probé varias webs pero no sentí que fueran efectivas. Unas me decían que el 100% del texto era hecho por IA, pero luego le metí un cuento de Cărtărescu y también me dijo que era IA. Por un momento me asusté pero recordé que ese cuento se escribió hace muchos años. Otras me decían que no era IA pero le metí textos de GPT y me decían que tampoco. Todas eran gratis. Si quería seguir con el caso, tenía que pagar una herramienta de verdad.
Antes de involucrar a mi tarjeta de crédito en esta situación, decidí buscar información sobre el tema y llegué a un Ted Talk que quizá me embarrealó el caso, pero me reveló algo tan fascinante como preocupante: los humanos cada vez más nos estamos pareciendo a la IA.
La charla es del etimólogo Adam Aleksic, quien habla de que no solo se entrena a las Inteligencias Artificiales a parecerse más a los humanos, sino que nosotros al usarla entramos en un loop de retroalimentación que nos hace copiar su estilo. Pone como ejemplo la palabra «delve», que quiere decir «ahondar», muy usada por las IAs probablemente debido a que Open AI, la empresa detrás de Chat GPT, contrata trabajadores nigerianos para entrenarlas y allá esa es una palabra común. Resulta que varios estudios demostraron que desde que salió GPT, aumentó el uso de la palabra «ahondar» en casi todo el mundo.
Voy a hacer un ejemplo aquí mismo. Unas de las frases o patrones que encuentro específicamente de GPT son el uso de «En un mundo donde» y «No es […], sino…». Frases que pueden pasar desapercibidas porque no son raras o sospechosas, pero al repetirlas tanto, uno empieza a notarlas. Frases que salen además continuamente en los textos recientes de Pérez Fuentes. Como muestra, le pedí a GPT que escriba un argumento de por qué deberían leer mi blog. Dijo esto:

Aunque puede parecer un dato simpático y gracioso, es bastante preocupante. Aleksic pone el ejemplo de Elon Musk, dueño de la IA Grok y de X, anteriormente Twitter. Es bien sabido que este empresario cambia la programación de Grok cada vez que no le gusta cómo responde. Como papá ochentero que le daba un manazo por la boca al hijo por decir “tetas”, solo que a Elon eso es lo que le gusta que diga. También es conocido que este señor usa X para amplificar sus ideas. Esto hace probable que muchas personas que usan tanto Grok como X, estén siendo influenciadas de alguna manera por la ideología de Musk. Qué miedo.
Si bien esto me hizo pensar que Pérez Fuentes podría ser víctima de este loop de retroalimentación y no se está dando cuenta de que está escribiendo como GPT, no quería quedarme con la inquietud. Saqué la billetera y pasé tarjetazo. Después de unos cuántos segundos de análisis de la herramienta y otros más cuestionando qué hago con mi vida, me tiró el resultado de 55% de probabilidad de haber sido escrito con una Inteligencia Artificial.
La sospecha sigue y se quedará. Lo más valioso que encuentro de todo esto es la invitación al uso consciente de estas herramientas. Como dije al inicio, todo parece indicar que son inevitables. Aunque me haría enormemente feliz un rechazo masivo. Dice Aleksic que si hablás como GPT, quizá estás pensando como GPT (o la gente detrás de ella), y eso es todavía más desalentador. Pero esto se puede revertir si empezamos con una pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué hablamos como hablamos y pensamos como pensamos? ¿Por qué estamos creando? ¿Por qué estás escribiendo, Pérez Fuentes? Si tengo razón y ella usa IA, al menos me quedo con la esperanza de que, a lo mejor, un día de estos Pérez Fuentes me lea, se dé por aludida y vuelva a escribir sus propios, y sobre todo, hermosos textos.


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